domingo, 5 de mayo de 2019

El amor a las películas: De madre a hija

Madre de María Margarita (Foto por Catalina Ralde)

Madre, tú eras una mujer hermosísima. Hermosísima y demasiado joven como para tener 5 hijos. Siempre te miraban cuando caminábamos por la calle, recuerdo. Más de una vez te vi bailar en ropa interior frente al espejo, y es por algo que todos te miraran. Y aún más con tu caminar: movías las caderas como esas actrices de las películas.
Eso sí, eras completamente distinta a papá. Quizás por eso te fuiste. ¿Fue eso, o que no te importábamos los suficiente? Eso es simplemente ser mala madre. Que sepas que lo fuiste. Otros decían que te fuiste de infiel, que papá ya no tenía nada que ofrecer si no funcionaba de cintura para abajo. Pero ¿sabe lo que creo yo? Tú te fuiste porque nunca te conformabas con nada. En eso igual te parecías a mí. “Por qué conformarse con ser luciérnaga, digo yo, pudiendo ser estrella” (Rivera Letelier, 2009). Repetías eso a cada momento, pero fue después de que te fueras cuando lo pude llegar a entender. Al final, con nosotros simplemente no eras feliz.
Tu ida verdaderamente me marcó. Eras alguien realmente importante para mí, en especial considerando que solo tenía 10 años cuando te fuiste. Eras mi mamá, y yo tu hija. Nos entendíamos, teníamos nuestras cosas que ni papá ni mis hermanos podían saber, eran cosas de mujeres.
Recuerdo lo que era ir al cine en familia. Todos íbamos muy temprano, éramos de los que esperaban la película ya sentados en la sala. Tú comprabas un dulce que compartían con papá mientras mis hermanos y yo imitábamos a los actores. Vaya, que felicidad me daba esa rutina.
Pero bueno, cuando tú te marchaste diste inicio a la destrucción de la familia.
La verdad es que si tú hubieras estado aquí, las cosas no habrían salido así. No habría pasado lo que pasó con papá, que al final lo mataste de pura pena. No habría pasado lo que pasó con mis hermanos. Y desde luego, no habría pasado lo que pasó conmigo. Me gusta creer que tú me hubieras protegido del mundo.
Muchos años después fuiste a la casa, cuando yo ya estaba sola. Fuiste con un circo, todo patético, según lo que me contaron. No quise ir a verte. Pero decidiste aparecer por acá. Te reconocí en el sonido de tus tacones, lo confirmé en cuanto tocaste la puerta. Pero no te abrí. Mamá, te prometo que sentí lástima de ti. Y te lloré, tal como si hubieras muerto.
Al final, cuando en realidad moriste, ya no tenía nada que llorar. “Fue como si esa película ya la hubiera visto dos veces” (Rivera Letelier, 2009).

3 comentarios:

  1. Oye, hermana, tú sabes que a papá no le gusta que nombren a mamá en la casa. Si se nos escapa el nombre se encierra en sí mismo y no hace más que beber vino durante 3 días. Así que no deberías andar mencionándola así como así, aunque creo que piensas bastante parecido a papá. Es verdad, a todos nos dolió su ida.

    ResponderBorrar
  2. Mi niña, mi niña preciosa. Espero que algún día me perdones, pero era una niña yo también, era tan joven, yo pensaba que cumpliendo mis sueños de niña llegaría a ser feliz pero no fue así, no cometas mis mismos errores, y perdón, perdón.

    ResponderBorrar
  3. Ah, tu mamá. Tan linda y se casó con ese viejo de tu papá. Tan joven. "Así se estilaba en el campo", o algo así decía ella. Bueno, este no es el campo. Imposible no mirarla al pasar, ¿eh? Tan lindo que caminaba. Si uno saludaba a tu papá era para mirarla a ella. Pero bueno, si las chiquillas por acá son todas tan lindas.

    ResponderBorrar