domingo, 5 de mayo de 2019

¿Buena Película?: Opinión Personal


“La contadora de películas”, de Hernán Rivera Letelier. Qué decir sobre ella. Sobre María Margarita, sobre su historia.
En términos de forma, esta novela tiene varias características que la diferencian de otras. Al estar relatada en forma de memoria, tiende a ir y volver en la historia, pero siguiendo en torno a un eje central. Esto sucede mucho, principalmente al tratar el tema de la madre. Ocupa un lenguaje simple, y fácil de leer, lo que lo convierte en un libro de rápida lectura. Además, usa el recurso de capítulos cortos, por lo que cambia de tema rápidamente. Pero, a pesar de esto, es un libro que se va a los detalles, pero solo a los que le resultan relevantes a María Margarita. Un ejemplo de esto, es que hay un capítulo entero dedicado a por qué debía tener un pseudónimo.
El contenido de la obra es especial, y destacable. Podría catalogarse como novela histórica, ya que lo que le ocurre a María Margarita podría haberle pasado a muchas niñas, que vivieron en tiempos de salitrera. Rivera Letelier trata una parte de la historia de la que no se habla mucho, desde una perspectiva aún menos tratada. Trata una serie de injusticias, una serie de pesares. Además, de alguna forma, logra describir buena parte de la historia del cine, y que tan apasionante puede este llegar a ser.
Cine (Foto por Catalina Ralde)
Esta historia, además, trata un abuso, que se ve venir a penas nombran al prestamista y un par de sus características, ya que este tema es universal. Pero hay una que otro conflicto que tiene un carácter más bien local, común de los habitantes de poblaciones salitreras. Accidente de trabajo, poco acceso a productos, el control de “los gringos”, el fin de la era del salitre.
Al final, y a pesar de todos los malos ratos por los que pasa María Margarita, ella sigue catalogando la pampa salitrera como un “Paraíso”, y eso tiene cierta extrañeza. Al final, dejó vivos los buenos recuerdos, quizás eso sea algo positivo. Pero nuestra protagonista no pudo superar esa parte de su vida, su niñez y adolescencia, ni siquiera cuando todo el resto se fue, se quedó amarrada a sus recuerdos, y decidió compartirlos, haciendo que la historia viviera, contando su vida, su película; una labor importante, pero sacrificada.
“La contadora de películas” es una buena novela, es original, y en parte optimista, a pesar de trágica. Es una novela completa, a pesar de lo corta que es. Da ese deseo de seguir leyendo, de seguir investigando. Porque, como ya mencioné, emula un testimonio.
Un gusto leer una novela chilena, y aprender un poco más sobre nuestra propia historia, también.

La Película de María Margarita: Su historia


Luego de que el padre de María Margarita quedara inválido, y no pudiera seguir trabajando en la salitrera, y su mamá se fuera, el padre de la familia organiza un concurso: aquí es donde comienza la historia.
María Margarita (Foto por Catalina Ralde)
En este concurso, cada hermano tendrá que ir al cine y volver para contar la película, y quien mejor lo haga, será el único que irá al cine, mientras el resto se conformaría con escuchar. Todos se sentían confiados, pero es María quien gana, superando a sus hermanos Mariano, Manuel, Mirto y Marcelino.
Con solo 10 años, María comienza a contar películas. Y lo hace verdaderamente bien, ya que empieza a llegar más y más gente, amigos, vecinos, hasta obreros y empleados; solo para escucharla. Es todo un espectáculo: con canciones y disfraces, incluso. Algunos dicen que le pone color, aunque la película sea en blanco y negro. Luego de un tiempo, alguien da la idea de comenzar a cobrar entrada, pero la familia decide pedir un aporte voluntario. Y no mucho tiempo después, María comienza a contar películas a domicilio.

Uno de los clientes fue el prestamista de la Oficina, el hombre más odiado de la población. María llega para contar una película de vaqueros, pero por una vez siente miedo. El prestamista le pide que se siente en sus piernas, y ella descubre que a él no le interesa la película en absoluto. “El hombre hizo lo que quiso conmigo, sobre todo de cintura para abajo. (…) Sentí que me habían desgarrado por dentro” (Rivera Letelier, 2009).
María le cuenta lo sucedido a su hermano mayor, Mariano. Una semana después el prestamista aparece muerto, y no se descubre quien fue el culpable, aunque sospechosos había.
En eso María cumple 13 años. Muere su papá, según ella, por pena. Al tiempo después, muere su hermano Marcelino en un accidente. Luego, Mirto se va con una viuda de la que se enamoró, con solo 16 años, mientras ella tenía 28. A Manuel se lo llevan a la capital a jugar futbol. Y Mariano, que ya había comenzado a trabajar, se iba a emborrachar en los bares, y en una borrachera, dijo que había matado al prestamista. Se lo llevaron detenido.
María ya se había quedado sola, cuando llega la primera televisión a la población. De golpe, deja de contar películas, porque deja de tener público, y no tenía como mantener su casa.
A los 14 años, comenzó a ser la amante del administrador de la salitrera, de 51 años, y así pudo mantener su casa.
A los 18, su madre viene de visita, y María no le abre la puerta. Un tiempo después, descubre que su mamá se mató.
Luego de un tiempo, la Oficina salitrera cierra, y todos los habitantes se van, menos ella. María se dedica a ser guía del lugar, y le cuenta a los visitantes cómo fue la vida en ese lugar, que ella trata de “Paraíso”.

El amor a las películas: De madre a hija

Madre de María Margarita (Foto por Catalina Ralde)

Madre, tú eras una mujer hermosísima. Hermosísima y demasiado joven como para tener 5 hijos. Siempre te miraban cuando caminábamos por la calle, recuerdo. Más de una vez te vi bailar en ropa interior frente al espejo, y es por algo que todos te miraran. Y aún más con tu caminar: movías las caderas como esas actrices de las películas.
Eso sí, eras completamente distinta a papá. Quizás por eso te fuiste. ¿Fue eso, o que no te importábamos los suficiente? Eso es simplemente ser mala madre. Que sepas que lo fuiste. Otros decían que te fuiste de infiel, que papá ya no tenía nada que ofrecer si no funcionaba de cintura para abajo. Pero ¿sabe lo que creo yo? Tú te fuiste porque nunca te conformabas con nada. En eso igual te parecías a mí. “Por qué conformarse con ser luciérnaga, digo yo, pudiendo ser estrella” (Rivera Letelier, 2009). Repetías eso a cada momento, pero fue después de que te fueras cuando lo pude llegar a entender. Al final, con nosotros simplemente no eras feliz.
Tu ida verdaderamente me marcó. Eras alguien realmente importante para mí, en especial considerando que solo tenía 10 años cuando te fuiste. Eras mi mamá, y yo tu hija. Nos entendíamos, teníamos nuestras cosas que ni papá ni mis hermanos podían saber, eran cosas de mujeres.
Recuerdo lo que era ir al cine en familia. Todos íbamos muy temprano, éramos de los que esperaban la película ya sentados en la sala. Tú comprabas un dulce que compartían con papá mientras mis hermanos y yo imitábamos a los actores. Vaya, que felicidad me daba esa rutina.
Pero bueno, cuando tú te marchaste diste inicio a la destrucción de la familia.
La verdad es que si tú hubieras estado aquí, las cosas no habrían salido así. No habría pasado lo que pasó con papá, que al final lo mataste de pura pena. No habría pasado lo que pasó con mis hermanos. Y desde luego, no habría pasado lo que pasó conmigo. Me gusta creer que tú me hubieras protegido del mundo.
Muchos años después fuiste a la casa, cuando yo ya estaba sola. Fuiste con un circo, todo patético, según lo que me contaron. No quise ir a verte. Pero decidiste aparecer por acá. Te reconocí en el sonido de tus tacones, lo confirmé en cuanto tocaste la puerta. Pero no te abrí. Mamá, te prometo que sentí lástima de ti. Y te lloré, tal como si hubieras muerto.
Al final, cuando en realidad moriste, ya no tenía nada que llorar. “Fue como si esa película ya la hubiera visto dos veces” (Rivera Letelier, 2009).

La Contadora de Películas: María Margarita

Me llamo María Margarita, aunque antes se me conocía también por Hada Delcine, mi pseudónimo de artista. Artista porque tengo el don de contar películas. Y esto no lo digo yo, sino que lo decían hermanos, amigos, obreros, ¡hasta los empleados! Pero bueno, ya me estoy adelantando.
María Margarita (Foto por Catalina Ralde)
Era una niña de tan solo 10 años cuando todo esto comenzó. Era menuda, y la menor de 5 años, una entre puros hombres, y tenía el pelo largo, que a veces amarraba en una cola mi mamá para cuando íbamos al cine. Claro, eso era antes.

Igual yo era media ahombrada, por eso me decían “marimacho”: “Andaba a pata pelada todo el santo día, fumaba a escondidas, llevaba una gorra de visera y hasta había aprendido a mear parada” (Rivera, 2009). Pero eso no me definía. Lo que en realidad me destacaba, era la fascinación que le tenía al cine. Me encantaba, por eso sentía orgullo por mi habilidad de contar películas. Pero ¿sabes?, para contar películas no solo es necesario ser buena actriz y tener buena memoria: hay que tener concentración, y para mi suerte, yo la tenía. Y además, era bastante esforzada, estudiaba la historia del cine cada vez que no iba a ver nuevas películas y confeccionaba utilerías para mis presentaciones. Hasta practicaba las voces frente al espejo, desde los vaqueros de las películas gringas hasta los mexicanos que tanto le gustaban a mi papá.
Lo que pasó conmigo… fue la vida. El tiempo. Las malas personas. No pasé por solo un conflicto, sino que estos cayeron como una llovizna que termina en tormenta. De a poco el cine  fue cayendo, mis películas contadas ya no eran tan atractivas, la televisión tomó el poder. Lo que más me gustaba en la vida se me estaba escapando. Pero lo peor es que yo misma me estaba destruyendo. Esa familia tan linda que tenía se fue de a poco, y luego de golpe. Primero mi mamá, luego mi papá, después mi hermano, uno a uno. Tuve que hacer algunas cosas que quizás en otras circunstancias no habría hecho. Pero ahí me quede, al final nunca salí.
Esta es mi historia. La de la contadora de películas. La de una niña inocente a la que le pasan muchas cosas que la verdad les pasaba a muchas niñas como yo. Pero esta es mi pelea, mis alegrías, luego mis penas, mi soledad. “Contar una película es como contar una película”, y bueno, esta es mi película.