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| María Margarita (Foto por Catalina Ralde) |
Igual yo era media ahombrada, por eso me decían “marimacho”:
“Andaba a pata pelada todo el santo día, fumaba a escondidas, llevaba una gorra
de visera y hasta había aprendido a mear parada” (Rivera, 2009). Pero eso no me
definía. Lo que en realidad me destacaba, era la fascinación que le tenía al
cine. Me encantaba, por eso sentía orgullo por mi habilidad de contar
películas. Pero ¿sabes?, para contar películas no solo es necesario ser buena
actriz y tener buena memoria: hay que tener concentración, y para mi suerte, yo
la tenía. Y además, era bastante esforzada, estudiaba la historia del cine cada
vez que no iba a ver nuevas películas y confeccionaba utilerías para mis
presentaciones. Hasta practicaba las voces frente al espejo, desde los vaqueros
de las películas gringas hasta los mexicanos que tanto le gustaban a mi papá.
Lo que pasó conmigo… fue la vida. El tiempo. Las malas
personas. No pasé por solo un conflicto, sino que estos cayeron como una
llovizna que termina en tormenta. De a poco el cine fue cayendo, mis películas contadas ya no
eran tan atractivas, la televisión tomó el poder. Lo que más me gustaba en la
vida se me estaba escapando. Pero lo peor es que yo misma me estaba
destruyendo. Esa familia tan linda que tenía se fue de a poco, y luego de
golpe. Primero mi mamá, luego mi papá, después mi hermano, uno a uno. Tuve que
hacer algunas cosas que quizás en otras circunstancias no habría hecho. Pero
ahí me quede, al final nunca salí.
Esta es mi historia. La de la contadora de películas. La de
una niña inocente a la que le pasan muchas cosas que la verdad les pasaba a
muchas niñas como yo. Pero esta es mi pelea, mis alegrías, luego mis penas, mi
soledad. “Contar una película es como contar una película”, y bueno, esta es mi
película.

Mi niña, que don que tenías. Cuando te escuchaba de verdad me sentía un poco más vivo, un poco más lejos de ese accidente. "Aunque la película fuera en blanco y negro, y a media pantalla, esta niña, compadres, parece que la contara en tecnicolor y cinemascope" (Rivera Letelier, 2009).
ResponderBorrarHermana mía, la siguiente más chiquita después que yo. ¿Sabías que a papá le gustaba tanto Marilyn Monroe, que cuando se enteró de que venía el cuarto hijo (yo), me quiso llamar Marilyno? Mira de la que me salvé.
ResponderBorrarComo que encantaba escuchar las películas. Tu sabes que soy más de oír que de hablar, y esa horita al día en la que te escuchaba, la esperaba con ansias.
Mi hijo iba todas las tardes a verte contar tus películas, con el dinero que le daba para su almuerzo, muchas veces. Un día lo pillé y de ahí comencé a acompañarlo. De verdad, en ocasiones era más divertido ir y escuchar tu versión de la historia que ir al mismo cine a verla, donde a veces ni empezaba, porque el encargado andaba borracho por ahí. Aún cuando llegó la tele, extrañábamos un poquito tus actuaciones, bastante mejores que las de algunas actrices. Vamos, si tú podías hacer de Jesús y te salía bien.
ResponderBorrarBastante bien contado el hilo de la historia, te felicito.
ResponderBorrarAdemás tiene ese tono de nostalgia y de sensación de injusticia social como además de tratar de preguntarnos el camino que siguió cada uno fue porque finalmente la felicidad era muy pasajera y casi negada para ellos.
Corregir algunos errores de tipeo y ortografía para que tengas un trabajo bien acabado.
Felicitaciones, buena propuesta estética, el capítulo dedicado a la madre está muy bien narrado.