domingo, 5 de mayo de 2019

La Contadora de Películas: María Margarita

Me llamo María Margarita, aunque antes se me conocía también por Hada Delcine, mi pseudónimo de artista. Artista porque tengo el don de contar películas. Y esto no lo digo yo, sino que lo decían hermanos, amigos, obreros, ¡hasta los empleados! Pero bueno, ya me estoy adelantando.
María Margarita (Foto por Catalina Ralde)
Era una niña de tan solo 10 años cuando todo esto comenzó. Era menuda, y la menor de 5 años, una entre puros hombres, y tenía el pelo largo, que a veces amarraba en una cola mi mamá para cuando íbamos al cine. Claro, eso era antes.

Igual yo era media ahombrada, por eso me decían “marimacho”: “Andaba a pata pelada todo el santo día, fumaba a escondidas, llevaba una gorra de visera y hasta había aprendido a mear parada” (Rivera, 2009). Pero eso no me definía. Lo que en realidad me destacaba, era la fascinación que le tenía al cine. Me encantaba, por eso sentía orgullo por mi habilidad de contar películas. Pero ¿sabes?, para contar películas no solo es necesario ser buena actriz y tener buena memoria: hay que tener concentración, y para mi suerte, yo la tenía. Y además, era bastante esforzada, estudiaba la historia del cine cada vez que no iba a ver nuevas películas y confeccionaba utilerías para mis presentaciones. Hasta practicaba las voces frente al espejo, desde los vaqueros de las películas gringas hasta los mexicanos que tanto le gustaban a mi papá.
Lo que pasó conmigo… fue la vida. El tiempo. Las malas personas. No pasé por solo un conflicto, sino que estos cayeron como una llovizna que termina en tormenta. De a poco el cine  fue cayendo, mis películas contadas ya no eran tan atractivas, la televisión tomó el poder. Lo que más me gustaba en la vida se me estaba escapando. Pero lo peor es que yo misma me estaba destruyendo. Esa familia tan linda que tenía se fue de a poco, y luego de golpe. Primero mi mamá, luego mi papá, después mi hermano, uno a uno. Tuve que hacer algunas cosas que quizás en otras circunstancias no habría hecho. Pero ahí me quede, al final nunca salí.
Esta es mi historia. La de la contadora de películas. La de una niña inocente a la que le pasan muchas cosas que la verdad les pasaba a muchas niñas como yo. Pero esta es mi pelea, mis alegrías, luego mis penas, mi soledad. “Contar una película es como contar una película”, y bueno, esta es mi película.

4 comentarios:

  1. Mi niña, que don que tenías. Cuando te escuchaba de verdad me sentía un poco más vivo, un poco más lejos de ese accidente. "Aunque la película fuera en blanco y negro, y a media pantalla, esta niña, compadres, parece que la contara en tecnicolor y cinemascope" (Rivera Letelier, 2009).

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  2. Hermana mía, la siguiente más chiquita después que yo. ¿Sabías que a papá le gustaba tanto Marilyn Monroe, que cuando se enteró de que venía el cuarto hijo (yo), me quiso llamar Marilyno? Mira de la que me salvé.
    Como que encantaba escuchar las películas. Tu sabes que soy más de oír que de hablar, y esa horita al día en la que te escuchaba, la esperaba con ansias.

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  3. Mi hijo iba todas las tardes a verte contar tus películas, con el dinero que le daba para su almuerzo, muchas veces. Un día lo pillé y de ahí comencé a acompañarlo. De verdad, en ocasiones era más divertido ir y escuchar tu versión de la historia que ir al mismo cine a verla, donde a veces ni empezaba, porque el encargado andaba borracho por ahí. Aún cuando llegó la tele, extrañábamos un poquito tus actuaciones, bastante mejores que las de algunas actrices. Vamos, si tú podías hacer de Jesús y te salía bien.

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  4. Bastante bien contado el hilo de la historia, te felicito.
    Además tiene ese tono de nostalgia y de sensación de injusticia social como además de tratar de preguntarnos el camino que siguió cada uno fue porque finalmente la felicidad era muy pasajera y casi negada para ellos.
    Corregir algunos errores de tipeo y ortografía para que tengas un trabajo bien acabado.
    Felicitaciones, buena propuesta estética, el capítulo dedicado a la madre está muy bien narrado.

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